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DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

miércoles, 25 de mayo de 2011

LAMENTO DE TRISTÁN

  Aparece, como siempre, por el alto de la calle, con su edad indefinida. Lo primero que veo es su cabeza grande de la que salen disparadas unas guedejas encrespadas, llenas de pajitas y pedazos de hojas viejas, moviéndose en un baile confuso, irremediablemente desligado del ritmo del cuerpo.

         La piel de su cara lleva los colores de la intemperie de muchos inviernos y veranos y, en ella, escondidos entre las cejas espesas, hay unos ojos nocturnos y asustados, extraviados de la realidad, navegando en su propia filosofía buscadora de esencias y afectos…siempre viajando por la línea de las fronteras iluminadas.

         Me acuerdo de ti, cuando aún atesorabas magias en tu cabeza mientras demorábamos el tiempo bebiéndonos los ojos y la piel, tan sólo cubiertos por un cielo pintado de ocaso y la espuma del mar. Placer consciente de juegos corporales.

         Una nariz, casi imperceptible, olisquea el ambiente con un gesto calcado al del perrillo que lo acompaña y mueve la boca en un diálogo sólo comprensible para él.

         Es pequeño. De su cuerpo flaco cuelgan harapos, de todas las modas, adornados de la suciedad de cada estación. Camina sin prisa, con los pies apenas cubiertos por unas sandalias llenas de polvo y caminos. Lleva a la espalda un macuto informe y gris, o verde, o quizás azul, lleno de talismanes y residuos rechazados.

         En el primer colector de basura para y remueve con angustia entre las bolsas, extrae con esmero una caja de leche para sorber, con apremio, una gota perdida entre los pliegues del cartón. Su perro le lanza una mirada casi humana, llena de preguntas y hambre, ansiando obtener migajas de las migajas.

         Me acuerdo de ti, cuando alimentabas mi oído y mi alma con anónimas danzas del Renacimiento a la par que me inventabas poemas con palabras recién hechas. Fue el tiempo de soñar.

         Sigue avanzando, con su discurso inconcreto, buscando alguna inmundicia de lujo que calme los rugidos de su estómago vacío. Al llegar a la frutería sienta sus huesos en una caja de madera, quita de un bolsillo una navajita de Taramundi y escoge, entre la fruta despreciada, algunas piezas de las que, despaciosamente, va separando la podredumbre. Los pedazos limpios son guardados con mimo, como si de una ambrosía se tratara, en una bolsa que va a parar al macuto de la espalda, en previsión de peores cosechas.

         Súbitamente repara en unas flores marchitas que alguien dejó abandonadas en una papelera, él las recoge, extasiado, por su hermosura decadente. Por un momento creo ver el dibujo de una sonrisa, seguramente irrepetible, mientras sostiene las flores y sale corriendo calle abajo, olvidando perro, macuto y miseria, para buscar en la arena a su novia secreta.

         Me acuerdo de ti, cuando aún eras tú, cuando no habías decidido huir para escuchar, en soledad, música por los rincones de los portales, buscando la nada hasta perderte del todo. Desde entonces la voz se me ha vuelto un lamento que sólo tú podrías descifrar. Te recuerdo.

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María Villar
© Todos los derechos reservados
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(Publicado por Editorial Ir Indo- Colección Narrativa Año 2003/ Publicado por el periódico La Voz de Galicia-Relatos de verán: Agosto 2002)




 
(Imagen de Internet)
 

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