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DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

sábado, 2 de julio de 2011

HISTORIA DE FÉLIX (I): La llegada

Todavía recuerdo con claridad los días previos a su llegada. Habían sido unos días de preparativos y de actividad frenética. Comprar su cama, sus juguetes... que sé yo!! no hacía otra cosa.

Por fin llegó el día, me parecía que el tiempo no corría, las horas eran eternas; la entrega sería a las 4 de la tarde. Sonó el timbre de la puerta, ¡Dios mío, ya están aquí!. Bajé las escaleras corriendo y abrí la puerta. Allí estaba Doña Emilia, sonriente como siempre, y con el pequeño bulto en sus brazos. Todo estaba en regla, tan solo me hizo unas indicaciones de última hora y me traspasó lo que ya era mío por ley. Se llamaba Félix.

Subí al piso, quería contemplar aquello que ya solamente dependía de mí. Aquellos ojos azules, intensos, me cautivaron desde el primer momento, y después aquella piel suave y blanca, todo el tan pequeño e indefenso... daba gusto arrimar la cara a aquel cuerpecito blando y cálido.

Al principio parecía asustado, sería por la novedad de la casa. Lo puse en el suelo y lo animé a recorrer las habitaciones para que conociese cada uno de los rincones de su nueva morada. Cogí algunos de los juguetes que había comprado para él e intenté jugar con ellos para ver si se animaba; en un primer momento estaba algo tímido porque, claro, no me conocía, pero yo le hablaba mucho y le hacía fiestas para romper el hielo. Después ya fue otra cosa, empezó a jugar y a hacer ruido, como correspondía a su edad, y ya perdió el miedo para siempre.

Yo estaba loca de alegría, había tardado en decidirme pero al final lo había hecho, y la verdad es que merecía la pena. Ahora la casa estaba llena.


Hicimos "buenas migas". Cuando por las mañanas tardaba yo un poco más de la cuenta en salir de mi habitación, ya venía él a llamarme a la puerta, pero no entraba; cando yo salía él estaba allí pegadito y en aquellos primeros momentos de nuestro encuentro
mañanero todo eran mimos, como si hiciese años que no nos veíamos. Le gustaba estar en mi regazo mientras yo desayunaba, contemplando con detalle cada uno de mis gestos, pero fue dejando esa costumbre a medida que fue creciendo, después le gustaba más darme sustos por la espalda y tirarme por encima el café.

Lo peor fue cuando lo tuve que llevar a poner la vacuna polivalente. El pobre temblaba de miedo y armó un gran barullo con su histeria, yo sufría por él pero no podía hacer nada más que acariciarlo y hablarle bajito para tranquilizarlo.

Lo mejor es que no tengo problemas con las comidas, tiene buen diente y come de todo, aunque tiene sus preferencias, como todos , sin embargo, el pescado no le gusta demasiado por eso, a veces, me quedo asombrada cuando lo come, y lo que todavía me sorprende más es que se esconda para hacerlo. Aún hace unos días me lo encontré comiendo una sardinilla debajo de la mesa de la sala bien tapado por el mantel, tardé en dar con él bastante tiempo y cuando lo hice casi reviento de risa.

Es un travieso de primer orden, en cuanto me doy la vuelta ya está haciendo alguna trastada, y es que no tiene parada y cualquier sitio es bueno para lo que sea. Igual se sienta en una silla, que encima de la tele o en el borde de las ventanas. Yo lo que temo es que se rompa la cabeza o algún hueso. Esta mañana, sin ir más lejos, lo vi subir a la baranda de la escalera y resbalar por ella hasta abajo, casi me da un infarto; después se escabulló a toda velocidad por si lo reñía.

Ahora ya no puedo tener plantas dentro de casa porque a él le da por arrancarles las hojas y masticarlas, es asqueroso, pero yo no soy capaz de hacerle entender que eso no está bien.

Lo que tiene de bueno es que es muy sociable y cariñoso y que acoge bien a toda la gente que viene a casa, no extraña nada y todo el mundo lo quiere bien. Yo estoy orgullosa de él y presumo de lo guapo y listo que es, eso no quita para que a veces logre ponerme furiosa, pero me consuelo pensando que Félix todavía no sabe que es un gato.

--------------------------FIN PARTE I-----------------------------------------------------------

María Villar © Todos los derechos reservados

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