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DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

sábado, 2 de julio de 2011

HISTORIA DE FÉLIX (II): Félix, el Rey de los Gatos

Ya va allá más de un año desde que Félix llego a mi vida. Creció mucho y ha ido dejando sus costumbres de cachorro para ir adoptando esas maneras sofisticadas que tienen los mininos con o sin "pedigree": las poses estudiadas, las caídas de ojos, los maullidos hirientes...

Félix es un zalamero. Por las mañanas reclama mi atención de tal forma que no me deja hacer nada hasta que lo cojo en brazos y lo acaricio durante un rato, la sesión de caricias dura lo que a Félix le peta; a veces parecemos una madre y su hijo ya que acostumbra a colocar una pata a cada lado de mi cabeza y posa la suya en uno de mis hombros, todo ello acompañado de un estrepitoso ronroneo.

Así que no me queda otra que prepararme el desayuno con Félix en brazos, y cuando sus tres kilos y medio de peso me dejan el brazo adormecido, lo coloco, con todo cuidado, encima de una silla, entonces, todo enfadado, me dedica una sinfonía de maullidos reprobatorios por mi actitud y se queda sentado todo tieso e importante; después de un momento me da la espalda y se enrosca para dormir sin hacerme pizca de caso, es entonces cuando yo, llena de remordimientos, le digo cosas con mi voz más meliflua para ver si hacemos las paces, pero ya es tarde para tratar de arreglar las cosas. Félix tiene carácter y está enfadado de verdad.
Ahora, cuando quiero hacer la cama, tengo que dejarlo fuera de la habitación, porque lo que más le gusta es subir de un salto y esconderse debajo de las sábanas. El sabe que a mí no me gusta que lo haga y es algo que me saca de mis casillas porque siempre tengo prisa y no tengo tiempo ni muchas ganas de juegos por las mañanas. Cuando lo dejo al otro lado de la puerta permanece pegado a ella y me llama con su maullido interrogante para ver si caigo en su trampa abriendo la puerta otra vez. ¡Ni loca!

Una de las cosas prohibidas que más le gusta es escapar a la terraza y masticar las hojas de todas las plantas que tengo allí. Ninguna de ellas se ha librado de sus ataques y a él parece no importarle si las hojas son duras o blandas, venenosas o inofensivas. Cuando lo descubro en estas travesuras y lo echo fuera, corre a esconderse en el último rincón de la casa. Durante diez minutos no le veo el pelo y es un alivio, pero de ahí a un rato ya estoy inquieta y empiezo a llamarlo con aire de culpa. Félix, que sabe mucho, se hace rogar durante un tiempo y después asoma la cabeza silenciosamente y viene despacito hacia mí. Cuando lo tengo a mi alcance le rasco la cabeza y debajo de la barbilla y él se deja hacer para, de repente, darme un mordisquito en la mano o en lo que le pille más cerca y se echa a correr como un loco.

Hace tiempo que yo había llegado a la conclusión de que mi gato no sabía que era un gato, ahora hasta yo misma tengo dudas. Me parece un ser mutante capaz de pasar de la más seráfica de las expresiones a la máxima fiereza y astucia en segundos, y además conoce siempre lo que pienso y sabe cómo fastidiarme. Creo que lo suyo es un problema de personalidad provocado por el exceso de cuidados y miramientos con los que lo trato. Sin duda el cree ser el Rey de los gatos, motivo por el que tiene que recibir un trato especial, lo malo es que también lo creo yo.

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María Villar © Todos los derechos reservados

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