SED TODOS BIENVENIDOS

DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

sábado, 2 de julio de 2011

HISTORIA DE FÉLIX (V y última): La familia.

Cuando llegó el verano decidí marchar a Ziroum, a la casa que unos amigos me habían ofrecido hacía tiempo para descansar, leer, escribir... y aprovechar para hacer excursiones por el hermoso valle de Camba en dónde se enclava.

 No sé por qué no llegué a sentirme a gusto allí, pese a la belleza del paraje. A las dos semanas de llegar me sentía desasosegada, como pensando que algo iba a ocurrir, aún así resistí una semana más y despues volví a mi casa de la ciudad.

Al llegar lo primero que hice fue abrir las ventanas para que entrara el fresco y ventilar, después me dediqué a deshacer las maletas con desgana; a lo lejos se oían unos maullidos apagados que, a veces, parecían más cercanos porque el viento los traía y llevaba. Hubo un momento en que los maullidos parecían en mi jardín, pero yo ya había aprendido a ignorarlos y a no hacerme ilusiones. Los maullidos iban siendo cada vez más fuertes e insistentes, casi se podría decir que anhelantes. No resistí más y fuí a ver qué demonio pasaba con tanto barullo de gatos ajenos en mi propiedad. Al asomarme por la ventana de la cocina me quedé muda. Unos ojos azules me miraban desde el rincón apartado del pozo. No lo podía creer.

Bajé los escalones de dos en dos, supongo, porque en un segundo estaba en el jardín con el corazón latiendo en la garganta. Mi ímpetu me llevaba a correr y gritar pero mi cabeza impuso lo razonable.

Me fuí acercando muy despacio y con miedo de que aquel gato no fuese Félix, quizás incluso no se acordase de mi, o la pérdida de contacto con la gente lo hubiese vuelto salvaje. Tuve la certeza de que era él, la forma en que me maullaba lo decía todo. A dos pasos de él me agaché y empecé a hablarle con mimo en voz bajita. Entonces, él se acercó y posó sus patas delanteras en mis rodillas, le acaricié el lomo mientras le hablaba. No puedo describir este momento, me faltan palabras, lloraba y reía a la vez, tenía ganas de gritar de correr de qué sé yo...Él lamió el lugar de mis caricias y después acercó su cabeza a mi cara y se frotó contra ella. No había duda. Era Félix y me había reconocido como algo de su propiedad.

La verdad es que después de tanta alegría no tuve más remedio que fijarme en el aspecto que traía, y no era muy bueno. Estaba sucio, su piel había perdido brillo y además estaba mucho más flaco. Intenté llevarlo conmigo a casa, pero cuando él lo sospechó se bajó de mi regazo aunque se quedó a mi lado. Así que subí yo sola y busqué algo de comer y algo para asearlo un poco.

Félix comió con apetito y bebió unos buenos tragos de agua, después se encaramó al muro se lavó la cara con mucha parsimonia y se marchó de nuevo. No intenté llamarlo, como había hecho la vez anterior, sino que dejé que se marchase con la esperanza de que volvería a verlo.

Durante días Félix me hacía visitas periódicas y siempre seguía la misma rutina: primero me llamaba, después comía y a continuación marchaba. Yo ya me conformaba con eso y no pedía otra cosa más que seguir recibiendo sus visitas.

Así fue pasando el resto del verano y llegó el otoño. Pasé semanas sin ver a mi querido Félix. Pensé que estaría buscando un lugar adecuado dónde pasar el invierno. Fué la primera semana de noviembre, en vísperas de mi cumpleaños, cuando oí unos ruidos en el jardín. Me asomé por el balcón de la terraza y vi dos tiestos de geranios rotos en el suelo. Ya otras veces había pasado lo mismo, algún gato torpe al pasar por el muro no tenía cuidado suficiente y tiraba con las macetas o con lo que hubiera. No le preste mayor importancia.

Por la tarde bajé para recoger los restos de los tiestos y replantar los geranios. Mi sorpresa fue enorme cuando me encontré con dos gatitos de color blanco y negro jugando con sus propios rabos y después, cuando desde detrás del pozo aparecieron otras cabecitas menudas de orejas oscuras y familiares para mi. Esto fue lo máximo. Sonaban maullidos infantiles por todas partes. Me acerqué con cuidado para mirar. Allí metidos en una parte del lavadero adosado al pozo había tres gatitos más; estos eran de piel blanca y suave y ojos azulísimos, uno de ellos tenía el rabo plegado en forma de cuatro. No había duda, eran hijos de Félix, el rabo en forma de cuatro era su distintivo, la marca que él había heredado también de su padre.

Oí maullar a Félix y cuando me di la vuelta para mirarlo vi que no estaba solo, la preciosa Cuca estaba con él; con aire maternal se acercó a sus pequeños y les dió unos buenos lametones. Así que eso era. Félix y Cuca eran padres y acababan de presentarme a su prole. Una historia natural.

Nunca intenté llevarlos conmigo a la fuerza y ellos guardaban una prudente confianza conmigo dejando bien claro que tenían su propia vida pero que aceptaban mi interés por ellos.

Yo sigo bajando todos los días al jardín, llueva o haga sol; voy dejando comida en varios sitios. A veces vienen y yo no los veo, pero la comida desaparece, eso quiere decir que siguen por aquí. Otras veces los veo jugando por los campos, parecen felices. Yo también lo estoy porque , por fin, comprendí que no se puede cambiar la naturaleza y vivir una vida para la que no se ha nacido. Ahora siento respeto por su independencia y me alegro de que la tengan.
---------------------------------FIN---------------------------------------------------------------------
María Villar
© Todos los derechos reservados
.........................................................................




Fotografía de María Villar
© Todos los derechos reservados

Foto realizada el día 29-Agosto-2006 , su 12º cumpleaños, en su atalaya favorita: la ventana de la cocina.
 

1 comentario:

  1. María, el 22 hice un comentario sobre esta preciosa historia de amor, fidelidad y recuerdo de tu gatito Félix...no sé prké no está...he venido por aquí para ver al gatito guapo...y, bueno que lo vuelvo a dejar !lindo gatito!

    (tambien te decia que tuve un perrito al que amamos muchísimo jamás lo olvidaremos...mi Roky, !precioso perrito!) bsss

    ResponderEliminar