SED TODOS BIENVENIDOS

DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

sábado, 29 de octubre de 2011

NUBE DE ILUSIONES

Cárgame una nube
de ilusiones
transparentes,
que descargue
sus ansias
de deseos celestes
sobre mis sueños.

Quizás mañana
me traiga tus notas
azules del Universo,
para quedarse
en mi jardín
lleno de tu ausencia.

Estaré allí,
entre los pliegues
de la tierra,
con el corazón
brotando ocasos,
esperando
un arco iris
que rompa
los vidrios miserables
de la insania
de esta selva de ladrillos.

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María Villar © Todos los derechos reservados
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viernes, 28 de octubre de 2011

BRAZOS INVISIBLES.

Presiento estrellas
por encima de las nubes
en esta noche
de lluvia misteriosa...

En ellas encontraré
una playa,
de brazos invisibles,
desde la que poder
contemplar
esos barcos
que se desvanecen
en sueños.

Entre flores
adormecidas
y pinares antiguos,
plateados de luna,
recogeré
cosecha de estrellas,
leve caricia
en la enramada,
para expandir
sobre la humanidad
un encaje
luminiscente
que nos acompañe
en rutas nocturnas.

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María Villar © Todos los derechos reservados
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martes, 18 de octubre de 2011

EL SECRETO

Sí, decididamente me dirijo a usted para contárselo, no resisto más el tener que callar, incluso ocultar, mi secreto.

Verá usted, yo fui educado en la sobriedad del cuerpo y del alma. Cualquier cosa que pudiera causar algún tipo de placer era severamente reprimida, hasta el punto de sentirme culpable por una nimiedad. Así crecí, en un mundo gris, sin contrastes de ningún tipo. Y así seguí, incluso después de mis estudios universitarios; ni siquiera el roce con gente de mi edad me hizo cambiar de hábitos. Para mí la ropa, los gestos, el comportamiento, los amigos, mi eterna novia, la comida...todo permanecía invariablemente igual un año tras otro.

Un día me di cuenta que la comida, supuestamente sana, que yo comía, era insípida y sin chispa y pensé que esto, seguramente, estaba influyendo en mi vida de forma negativa, puesto que mi relación con las mujeres, y con la gente en general, era tan monótona como todo lo demás. No obstante, tengo que decirle, yo tenía voluntad de cambiar de hábitos pero no sabía cómo.

Fue en la primavera de hace dos años. Por la mañana, aprovechando un descanso en mi trabajo, me acerqué hasta un mercado próximo con el ánimo de comprar unas frutas. Fue entonces cuando las vi, no sabría decir lo que me ocurrió, fue un flechazo o algo así, no sé. Formaban un grupo de tres o cuatro en la esquina del puesto de verduras. Eran hermosas, dos de ellas bastante redonditas, aunque menudas y su piel era dorada y trasparente a la vez. Creo que noté su olor a distancia, penetrante, algo a lo que yo no estaba acostumbrado, pero su aroma me provocó de inmediato, las hormonas me la jugaron. Un hombre las estaba vigilando de reojo y al ver que me dirigía hacia ellas me salió al paso. Negociamos un precio y quedé en pasar a recogerlas al término de mi jornada. Estaba excitado y tembloroso, tenía la sensación de estar cometiendo un delito, y el hormigueo que notaba en mí me era muy placentero.

Esta misma situación se produjo al día siguiente y al otro, y al otro... durante varios meses. Le aseguro que mi vida dio un vuelco, me sentía otra persona, dueño de mi vida, un hombre que ¡por fin! podía saborear los placeres que tantos años le habían estado ocultos.

Sin embargo, después de un tiempo, noté que el hombre del mercado empezaba a mirarme raro; mi novia me dejó, mis amigos empezaron a volverme la cara cada vez que los saludaba y, algunos, hasta llegaron a llamarme vicioso y chiflado. Incluso, mis vecinos del rellano, empezaron a evitarme en el ascensor y dejaron de saludarme. Tuve la sensación de que todo el mundo conocía mi secreto, porque yo, de sobras sabía que mi afición no era normal.

Y ahora estoy así, solo, aunque dando rienda suelta a mi apetito por esos cuerpecitos redondeados y jugosos.

Se lo confieso Sra. Francis ME GUSTAN LAS CEBOLLAS!, LAS ADORO!, NO PODRÍA VIVIR SIN ELLAS! Deme alguna receta, se lo ruego, para comerlas de otra forma que no sea crudas, o ayúdeme a dejarlas, por favor AYÚDEME!


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María Villar © Todos los derechos reservados
Publicado en el Tintero Virtual año 2003

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lunes, 17 de octubre de 2011

LA HERENCIA.

"Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón
i eu non me acordo xa si era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor(...)" * (Rosalía de Castro)


Tito Valladares lo decidió un día, así, sin darle muchas vueltas, y así se lo comunicó a Soledad, su mujer, mi abuela...


Allí estaba yo, en el sucio desván, arrodillada delante del baúl grande que mi otro abuelo, Chuco, trajera de Filadelfia, y tratando de encontrar algo que me sirviese para un disfraz. Me pasé la mañana revolviendo entre antiguas vestimentas y restos de ajuares de mis antepasadas sin decidirme por nada. De repente, mis manos tropezaron con algo duro, sentí un pinchazo y retire esa mano rápidamente. Después, con cuidado fuí retirando cosas hasta llegar a un objeto que yo ya había olvidado.


Era un retrato de mi abuelo Tito, hermoso y distinguido como un príncipe europeo. Estaba de pié, reposaba una mano en el respaldo de una butaca estilo Luis XVI mientras con la otra sostenía una chistera con un cierto aire de elegancia. Su cara, seria y amable a un tiempo, estaba adornada por un enorme mostacho a la usanza de la época. El retrato tenía un pesado marco de bronce con cristal y, allí mismo, encontré también el clavo que, en otro tiempo, lo había sostenido a la vista de todos. Era un clavo especial, con una cabeza de metal dorado y decorado en escalones, como una pirámide azteca, ya que debía de conjugar el ser práctico con el ser bonito pues tenía que permanecer a la vista.


Me vino a la memoria el día en que mi madre retiró el retrato de la pared, hace muchos años, sólo que yo no entendía en ese momento su tragedia. Ella también se había pinchado un dedo y no dejaba de llorar. Tuvo que pasar mucho tiempo para que la serenidad le dejara contarme cosas de un abuelo al que no conocí.


Tito Valladares se marchó a Argentina buscando una vida mejor. Se marchó sin más y cuando lo consideró oportuno mandó llamar a mi abuela Soledad, mi madre y a mi tío José. Mi abuela no quiso marchar y condenó a mi abuelo y a sí misma a una soledad inhumana. Tito escribió durante años para convencerla y mandar dinero suficiente para dar carrera a su hijo y dotar a su hija para que tuviese un casamiento digno. Mientras tanto la abuela Soledad se volvió áspera e intratable. Una mañana de primavera apareció muerta en su cama y en su cara había una expresión de tranquilidad. Ella nunca supo de la otra vida de Tito.


El mismo día que mi madre quitó el retrato de su padre de la pared, había recibido una carta en la que se le comunicaba la muerte de su padre a la vez que se la ponía en conocimiento de que en Argentina su padre había tenido otra mujer e hijos.


Así fue que mi madre se clavó el clavo por pura rabia o para salir de un mal sueño y condenó a su padre al ostracismo de un viejo baúl. Ahora yo, que estoy aquí, que me he clavado el mismo clavo de manera fortuita, devuelvo a la memoria a mi abuelo.


Hola abuelo Tito, encantada de conocerte.


* Una vez tuve un clavo
clavado en el corazón
y ya no recuerdo si era aquel clavo
de oro, de hierro o de amor (...)

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María Villar © Todos los derechos reservados
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