SED TODOS BIENVENIDOS

DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

lunes, 29 de diciembre de 2014

CUENTO DE NAVIDAD I y II


- CUENTO DE NAVIDAD-  (I)

 

La llamábamos Rosa. Nunca supimos de dónde procedía ni a dónde se marchó aquel 25 de diciembre de 1.977. Tampoco nadie, exceptuando nosotros, parecía haberla visto nunca.

 

Siempre la había visto en el mismo lugar, formando parte del paisaje urbano,  sentada en el pequeño escalón de cemento que sobresalía del muro de cierre del inmenso solar de la manzana del Fraga, en pleno centro de la ciudad. No sabría decir desde cuándo estaba allí.

A veces se levantaba, y podía ver su figura informe moviéndose con dificultad. El cuerpo cubierto por mil harapos en invierno y en verano. Las piernas, envueltas, muy ceñidas con periódicos y plásticos para protegerse del frío y los rigores nocturnos, quedaban al descubierto en primavera , dejando a la vista sus úlceras, hinchazón y amoratamiento. Sin duda esto tenía que hacerla sufrir, tanto, o más, como ver que mucha gente por evitarla cambiaba de acera, o eso me parecía a mí.

 

Al salir de trabajar me había acostumbrado a pasar por su lado, me producía mucha curiosidad, y todavía me había de causar fascinación, al descubrir que aún antes de llegar a su altura notaba un delicado aroma de rosas, que se hacía más patente ante su presencia. Sí, pese a su aspecto desaseado se diría que en esta mujer había florecido toda una rosaleda perfumada.

A cualquier persona que se aventurara a pasar por su lado le decía lo mismo ­:

Espera. Toma un duro y tráeme un vaso de vino. Pero nunca vi a nadie que le hiciese caso.

 

Decidí probar yo mismo y un día me detuve delante de ella esperando su mandato. Me sonrió y al hacerlo sus ojos tenían tal resplandor que no dejaban ver su color. Se inclinó hacia el carrito que siempre la acompañaba y extrajo una hermosa copa de cristal tallado al tiempo que me decía:

  Te esperaba a ti, Jaime. Toma un duro y tráeme un vaso de vino.

 

Me extrañó que conociese mi nombre, pero más raro me pareció que entre sus pertenencias guardase un objeto tan frágil y precioso como aquella copa. Me apresuré hasta un bar de las inmediaciones y, cuando volví, Rosa aún sonreía, me dio las gracias y se quedó allí con la copa entre sus manos, sin beberla.

 

Muchas veces más hice lo mismo, y ella decía y hacía el mismo ritual, sin quitar ni poner una palabra o un gesto más.

 

Yo era huérfano desde muy niño y vivía con mi abuela en la calle Churruca, en ese momento poco menos que una calleja oscura que nacía en la plaza de Portugal y moría en la calle Cervantes, muy céntrica, eso sí, y también muy próxima al lugar en que Rosa se aposentaba cada día. Para mí, mi abuela era mamá Pancha, quien me había criado desde que mis padres faltaron y a la que me sentía muy unido. Vivíamos con mucha modestia en un pequeño piso destartalado y antiguo en un edificio que se había vendido recientemente, razón por la que teníamos que abandonar la vivienda a principios de enero del año que pronto empezaría.

 

Mamá Pancha trabajaba en casa, cumpliendo con los encargos que le hacía "El Revendible", un viejo negocio tan desvencijado como nuestra casa. Su trabajo consistía, principalmente, en forrar botones con tela o piel, hacer cinturones a medida y a juego con alguna prenda, poner cremalleras y broches automáticos, y cosas así. Su sueldo era tan pequeño como el piso, así que al cumplir yo 16 años empecé a trabajar como ayudante de camarero en el cercano Café Goya de la calle Urzáiz. De esta manera completaba nuestros escasos ingresos y nos daba para ir tirando.

 

Yo sé que mamá Pancha no me quería preocupar con el problema que se nos planteaba al tener que abandonar la vivienda, pero yo era muy consciente de la situación y muchas veces la oía llorar por las noches, o la sorprendía al lado de una ventana con la mirada perdida. Me veía capaz de poder hacer algo al respecto, pero para eso necesitaba estudiar y obtener un trabajo mejor. Eso no sabía cómo afrontarlo pues para todo hace falta dinero, algo de lo que nosotros carecíamos.

 

Ese año, antes de darnos cuenta, ya estábamos a las puertas de la Navidad. En los días previos a las fiestas casi no vi a Rosa pues había mucho trajín en el Café y salía tarde de trabajar, tanto, que ella ya se había ido. Nunca supe dónde pasaba las noches, de la misma manera que nunca la vi llegar, y nunca la vi partir. Todo esto acentuaba aún más su misterio.

Por fin, el martes día 20 de diciembre, la encontré en el sitio acostumbrado, aunque parecía apagada, quizás enferma de tanto frío y soledad, como si estuviese perdiendo aquel resplandor que siempre le había visto bajo su piel de intemperies. Al día siguiente la encontré muy desmejorada y el 22 y 23 no la vi. Pensé  en lo peor.

 

Mamá Pancha también conocía a Rosa ya que, a veces, al volver del mercado, le dejaba algo de fruta y pan. Aunque hay que resaltar que Rosa no pedía nada, no era una mendiga. Esa noche, hablando sobre ella y su infortunio, ambos pensamos que dentro de las carencias con que vivíamos teníamos mejor suerte que ella.

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© María Villar Portas
 
 
 

 
 
- CUENTO DE NAVIDAD - (II)
 
El día 24 de diciembre todos los empleados del Café salimos mucho más temprano de trabajar para poder celebrar la Nochebuena con nuestras familias.
 
Mientras descendía por República Argentina, miré hacia el lugar dónde Rosa se ponía y me llevé una grata sorpresa al verla de nuevo en su lugar habitual. Tanta fue mi alegría que eché a correr para decírselo a mamá Pancha, pues sabía que se alegraría conmigo. Pero hubo algo más que iba  a cambiarnos la vida para siempre.
Mamá Pancha me tomó las manos entre las suyas, y no sin cierta solemnidad, me dijo que fuese a buscar a Rosa para invitarla a pasar la Nochebuena y la Navidad con nosotros. Yo no pude ni contestar, tan sólo abracé a mi abuela y salí volando escaleras abajo antes de que Rosa desapareciera.
 
Cuando llegué a su lado comprobé que tenía mejor aspecto que la última vez que la había visto. Atropelladamente le dije que me acompañase pues mi abuela y yo queríamos cenar con ella. Rosa se echó a reír y me pareció  una risa de niña, un cantar de manantial. La ayudé con su carrito y echamos a andar. Atónito pude ver cómo ella se transformaba y a cada paso su andar era más ágil, incluso, su aspecto era más joven.
 
Al llegar a casa mi abuela la hizo pasar a un pequeño dormitorio, que en algunas ocasiones había hecho las veces de almacén para las cosas de su trabajo, pero que ahora se hallaba en perfecto orden. Le indicó dónde estaba el cuarto de baño, por si quería usarlo, y le hizo saber que esa noche dormiría en nuestra casa, que la considerara suya también.
 
Mamá Pancha había cocinado un menú especial, dentro de nuestras posibilidades, y también había puesto adornos en la mesa. Una vez que todo estuvo listo, me mandó que avisase a Rosa para que se sentase en el lugar de honor.
 
Al abrirse la puerta del dormitorio mamá Pancha y yo nos agarramos de las manos presas del asombro. Ante nosotros Rosa había florecido y aparecía vestida como un ángel, todo su ser irradiaba la misma luz que yo había visto en sus ojos. Nada había en ella que recordase a la mujer que habitualmente estaba en la calle.
 
Cenamos casi en silencio, sobrecogidos por la presencia de aquel prodigio sobrenatural, mamá Pancha y yo intercambiábamos miradas entre asustados y contentos mientras Rosa sólo nos sonreía y nos hacía sonreír también.
 
Finalizada la cena Rosa nos abrazó y, al instante, una inmensa sensación de paz nos invadió, como si nada malo pudiese ocurrirnos. Nuestra invitada se retiró a su habitación y yo me quedé para ayudar a mamá Pancha a recoger la mesa y lavar los platos.
 
A las doce de la noche en punto se fue la luz, algo habitual por aquel entonces durante los inviernos, no nos llamó la atención. A tientas mi abuela buscó unas velas en el aparador del comedor. Encendió tres: una para mí, otra para ella, y la tercera para Rosa. Al dirigirnos a su habitación vimos un resplandor titilante por debajo de la puerta y pensamos que ella ya tenía una vela, o quizás una linterna, pues supusimos que normalmente se  alumbraría así dónde quiera que acostumbrase a pasar las noches.
 
Por la mañana, día de Navidad, mamá Pancha fue temprano a despertarme para darme su regalo, unas zapatillas de paño bien calentitas. De inmediato me las calcé y corrí al armario para buscar el regalo que le había comprado con mis pocos ahorros, unos sencillos guantes de lana que le protegiesen sus pequeñas manos.
 
De repente, me di cuenta de que no teníamos un regalo para Rosa, pero mamá Pancha me tranquilizo al decirme que ella había estado tejiendo una bufanda para ella, aún antes de pensar en invitarla aquella noche. Así que los dos juntos nos acercamos a la puerta detrás de la cual suponíamos que Rosa dormía aún.
 
Sin embargo, nos encontramos con la puerta entornada y mucho silencio. Mamá Pancha llamó muy suavemente con los nudillos a la vez que pronunciaba su  nombre. No obtuvimos respuesta y llamamos más fuerte con el mismo resultado. Con miedo, nos decidimos a abrir la puerta sin saber lo que podíamos encontrar.
 
Ni rastro de Rosa. Encima de la mesilla de noche una hermosa vela ardía sin consumirse. Sobre la cama sin deshacer, sobre los muebles y esparcidos por el suelo miles de pétalos de fragantes rosas lo invadían todo. Sobre ellos y en medio de la colcha destacaba la presencia de aquella preciosa copa de cristal tallado que tantas veces había visto y otras tantas había transportado vino en su interior. Esta vez la copa contenía un sobre dirigido a mamá Pancha y a mí. Dentro había un papel con una sola frase: "Toda persona merece un sueño cumplido" y un décimo de la lotería del sorteo extraordinario de Navidad que se había celebrado hacía unos días. El número era el 34.571.
Al unísono empezamos a reír y llorar, a temblar, pues en ese número había recaído el primer premio, el gordo de ese año que se cantó en todas las radios del país y había aparecido en todos los periódicos. No podíamos dar crédito a que uno de esos décimos estuviese en nuestras manos. Incrédulos nos frotábamos los ojos y nos abrazábamos.
 
Antes de hacer ninguna otra cosa salimos en busca de Rosa, preguntamos por ella, por si alguien la había visto o sabía dónde estaba. No la hallamos, ni ese día ni los siguientes. Parecía que nunca hubiese existido, o como si nosotros fuésemos los únicos que la hubiésemos visto y conocido.
 
Aquel regalo de Rosa permitió que mamá Pancha y yo nos estableciésemos en un piso propio en la misma zona en la que siempre habíamos vivido, por si algún día Rosa volvía nos pudiese encontrar, y nosotros a ella.
 
Yo pude estudiar, y mi sueño de tener mi propio negocio se cumplió. Cuidé siempre de mamá Pancha, que me dejó demasiado pronto, y aún, al final de sus días, recordaba con inmensa gratitud y emoción a aquel ángel que pasó por nuestras vidas una Navidad con olor a rosas.
 
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© María Villar Portas
 
 

 
 

 

 

 

 

viernes, 12 de diciembre de 2014

COLABORACIÓN EN LA REVISTA ESPACIO LUKE Nº 161- NOVIEMBRE-DICIEMBRE / POEMAS


Queridas amistades os invito a que leáis una nueva colaboración en la REVISTA ESPACIO LUKE, la nº 161 correspondiente a los meses de Noviembre-Diciembre. Espero que os guste.



http://www.espacioluke.com/2014/Noviembre2014/villar.html



                                                  
                                                        © Imagen María Villar Portas






sábado, 6 de diciembre de 2014

MODIFICACIONES EN ROJO / XXII


-XXII-

 

Una idea que anochece pronto, se convierte en sueño ausente sobre el que el silencio se desploma y seca un atisbo de luz.

Ahí, en lo invisible, sucede todo.

No hay nadie que pose su pupila en esos minutos que vuelan acariciando la piel de las cosas. No hay gente que tome el relevo del palpitar de un nuevo día en otro. Estamos solos. Capaces de percibir la evanescencia del humo. No tenemos remedio. Nos atrae lo inútil...tan necesario como escribir palabras en la vorágine de un río.

En las tardes, encendidas a medias, hay siempre un pensamiento vestido de corazón, que quiere mediar entre cuerpos que desnudan soledades envueltas en campanillas. Alguna vez lo consigue, a fuerza de dejar alguna frase inacabada alrededor del fuego, dando a entender la existencia de un sentimiento que conoce todos los murmullos del amor.

Mientras no llega de nuevo la visión de un acuerdo entre sol y primaveras, me paseo en un invierno que, aún no llegado, ya me cansa. Busco la nada entre esos valles de suspiros que agonizan entre hojas caídas y hasta su ruido  sobra. Tan grande es la electricidad de mi sangre que su propio sonido me basta.

No soy dócil ante esas envolturas sedosas que maneja la esperanza. No. Sé que a mi alma le conviene salir por los poros del viento para encontrar lo que está más allá, y aún más, de lo que ve la simple mirada.

Así, aunque alguna lágrima pierda en el camino, podré escuchar el rumor que esconde el brillo del horizonte.

 

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© María Villar Portas

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                                          Imagen de Internet
 

 

 

viernes, 14 de noviembre de 2014

SOY SIN SER


 
Soy sin ser.
Y siendo así me siento:
luz que vuela en arranque de llamas,
grito que corre eléctrico
en cerebro de tormentas.

Mi energía se acumula en sol,
mismo ancho espacio planetario
que bebe el mar en mi carne
en tanto consume el aire entre cielo y cielo.

Vuelvo la mirada sobre mi vida,
me veo simiente que germina
entre apariencias reducidas a nostalgias.
¿Quién es quien
en esta esclavitud que incendia el corazón?

Me arranco esas espinas de lástima,
nacidas en la cautividad de mi piel,
para tener esperanza en mis manos
y un mundo que conquistar con mi destino.

Sonríe un instante el rayo
en nido confeccionado de misterios,
mientras el espíritu de la belleza
se ve incapaz de cuidar sus auroras
y los paisajes huyen del color.
La sombra se ha hecho fuerte en la cima,
allí dónde las rosas ya no osan florecer.

Camino entre frases inverecundas
encendiendo el viento a mi paso,
que ilumine la miseria que intenta herirme.

Y seré. Aunque sólo sea escarcha,
silencio, pequeñez.

 

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© María Villar Portas
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                                                     Imagen de Internet
 
 
 

miércoles, 8 de octubre de 2014

MODIFICACIONES EN ROJO / XXI


-XXI-

Y te preguntas por qué el camino que te avanza se ve gris entre el azul y el vacío, en vez de estar lleno de esas ideas geniales que florecen en los jardines ajenos.

Sólo tu aparente vestimenta se destaca en este funeral que celebra el tiempo, el mismo en el que los planes de tu cielo han confabulado hogueras que convierten en cenizas las nubes del futuro.

Sientes la impotencia de saberte quieto en un mundo sin formas. Mientras, en el centro de tu corazón, digno de un firmamento, relampaguean algunos destellos veloces.

De repente te ves único ser y dueño de todas las tormentas, capaz de manejar el silencio y las sombras, calmar los sollozos crecidos entre las piedras cada día y de hacer que cesen los temblores que nos gritan al oído.

Eres aquel. Eres aquella. Una persona especial sólo por serlo, sin más atuendo que tu misma piel sangrada de la tierra y la potencia de la propia vida que te late en el pulso y arranca mañanas a la misma noche.

No hay pensamiento que pueda frenarse a tu mente inquieta, al ansia de vivir que te gobierna y acorta distancias entre tú y tus metas.

Observa. Ante ti un mundo abierto se presenta, quizás sus rutas conduzcan al mar. Navega contra viento y marea, que la brújula de tu sabiduría te lleve a buen puerto en esta singladura y los escollos no sean más que anécdotas en el cuaderno de bitácora.

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© María Villar Portas
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                                                                Imagen de Internet
 
 









jueves, 2 de octubre de 2014

PARAÍSOS PRIVADOS- LIBRO DE RELATOS

 
 
 
Amigas y amigos me es grato presentaros una nueva publicación, en este caso se trata de un libro de relatos titulado PARAÍSOS PRIVADOS.
 
En él se recogen 31 relatos de variada temática que han sido escritos a lo largo de casi 15 años. Se trata de historias creadas a partir de otras historias contadas, creaciones hechas hilvanando palabras cazadas en conversaciones ajenas. Alguna de ellas muy enraizada en las leyendas de mi tierra, como el mito de la "Santa Compaña" que aparece en el relato EXTRAÑA PROCESIÓN.
 
Para la portada de este libro he contado con la colaboración desinteresada del artista italiano Giuseppe Sticchi. Quiero desde aquí enviarle toda mi admiración y gratitud, así como invitaros a que visitéis alguna de sus páginas web en las que podéis empaparos en sus mundos de emociones, ambientes y paisajes:

http://www.giuseppesticchi.it
 
Características:
 
Género: narrativa
Nº de páginas: 148
Precio: 15 € ( precio para todo el territorio nacional, resto de países consultar tarifas)
 
Dirección de contacto para pedidos:
 
 
Todas las personas interesadas en adquirirlo deberán escribir un e-mail a la dirección arriba indicada aportando los siguientes datos:
 
-Nombre y apellidos
-Número de ejemplares que desea
-Dirección e-mail de contacto
 
Una vez que se reciban estos datos la editorial se pondrá en contacto con la interesada/o para comunicarle el número de cuenta en la que se abonará el pedido y/o para informarle de cualquier duda que pudiera surgir.

En la transferencia o ingreso en efectivo se hará constar el nombre y apellidos en el apartado CONCEPTO.
 
Los ejemplares se envían por correo certificado una vez se reciba la transferencia.
 





jueves, 25 de septiembre de 2014

viernes, 19 de septiembre de 2014

VERSOS EN EL AIRE III- ANTOLOGÍA POÉTICA

Queridas amistades os presento mi poema SOLEDAD AZUL seleccionado para aparecer en la antología VERSOS EN EL AIRE III promovido por DIVERSIDAD LITERARIA. Mi enhorabuena a todas y todos con quienes comparto espacio en tan bella publicación.
 
 
 






sábado, 13 de septiembre de 2014

AUSENCIA DE MÍ



 

María,
manía de horas late en tus sienes
frente al desierto de la risa...
llueven en tu espalda desvíos ocasionales.

Memoria, María,
de tu rostro confundido
entre ojeras -pasajeras sueltas-
mientras alzas la pupila al aire de la nada.

Huecos entre las plumas de tus manos
descifran caricias escritas,
delirios en luna llena.
Capaz eres de navegar aún
entre esas sombras codificadas
que se reúnen en los rincones.

Es sólo el viento,
María,
quien susurra una muerte desnutrida
encerrada entre naufragios.
Quedan luces encendidas en la distancia
para ti.

Entre la calma
te espera una serenidad
en plenitud de acuarelas,
tornasoles, música de geranios,
algún simple canto de tu corazón cansado
y muchas orillas nuevas
dónde tejerás letras con la espuma de los días.

María,
el ocaso espera tu mirada ausente.

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© María Villar Portas
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Imagen de Internet
 
 
 
 

 

viernes, 5 de septiembre de 2014

OASIS


 
¡Diles que se vayan!
Que ahuyenten de mí
esas estructuras amargas
de penitencia carente de norma,
un sinsentido que me atenaza
durante el recorrido de la espera,
la misma que gira constante...

Quiero volar,
a través de mi sangre encendida
y arrancarme esta locura
que llamea en mi aliento.

Que se marchen,
sí,
pues ya no me sirve
el incendio que recorre mi piel
en el espacio del instante.

Preciso más.
Toda la energía del horizonte y el rayo;
el infinito frescor de la primavera;
un tenue vuelo de mariposa.
La valentía de un sol,
que se atreve a asomarse cada día,
y la rutina de un mar
que arde sobre la arena.

Y aún seguiré adelante
a pesar de la carencia de oasis
en este desierto...

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© María Villar Portas
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                                              OASIS DE LA MEDIA LUNA-DESIERTO DE GOBI
                                                            Imagen de Internet
 
 
 

 

lunes, 28 de julio de 2014

COLABORACIÓN EN REVISTA ESPACIO LUKE Nº 158-JUNIO 2014- SECCIÓN: LA VELOCIDAD DEL SILENCIO

Amigas y amigos aquí os presento y os invito a leer una nueva colaboración en la estupenda Revista ESPACIO LUKE, un espacio para el arte y la creación literaria contemporáneas.

http://www.espacioluke.com/2014/Junio2014/villar.html





                                                     Imagen Ardiluzu

domingo, 6 de julio de 2014

MODIFICACIONES EN ROJO / XX


- XX -
Aquel día fue un sentir de sensación joven, felicidad radiante en todas direcciones, hasta las piedras se volvieron translúcidas al paso de su mirada sobre ellas. Los susurros de la brisa se hicieron delicados en su piel cálida, las flores cantaron desde sus jardines de nubes, y el agua se convirtió en aire.

Él se había decidido a llegar desde la tranquilidad de su voz tanto tiempo esquiva. Atrás quedó la palidez del horizonte que, en cada ocaso, silbaba una predicción de gris mañana rutinaria.

Llegaba un tiempo nuevo, sin la amenaza de aquellos engranajes oxidados a los que nos habíamos acostumbrado.

Desde el trapecio de las sombras renació un ilimitado momento, preparado para los abrazos y con aspecto de sonrisa. En su caminar por las calles uno tenía la apreciación de cuerpos que manifestaban su sed de danza al son de una misma música. Un delirio. Un temblor en cada aliento.

De repente, fue como si se desencadenase la vida en cada milímetro de existencia, y todos los pasos fuesen de claridad, navegando en un anhelo tibio de olas luminiscentes, de deseos guardados largamente...

Mecerse en la calidez de su melodía, con el vaivén de su segundero, nos hizo valorar su gesto indómito y caprichoso.

Se diría que tenía apremio en esparcir la brillantez de sus rayos sobre los invitados ocultos en vestidos negros, y, a tientas, buscar en cada oscuridad  un resquicio para que, a raudales, penetrase su poder enjaezado de brasas.

Así fue el sol, que aquel día nos amo con rapidez apasionada, y nos dejó un pedazo de su extraño compás veraniego.

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© María Villar Portas
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                                                    Imagen de Internet © Parra
 

domingo, 15 de junio de 2014

MODIFICACIONES EN ROJO / XIX


- XIX-

De vez en cuando hay un instante frágil que abandona el vientre de la mañana para poner nombre a algo, con un cuidado delicado, sobrepasando el asombro que le produce el materializarse en otra generación de cosas.

Vivo ese momento desde el azar de un mediodía irremediable, sacudiéndome el polvo de la incomprensión y su gesto de apariencia gastada.

Observo que todo es golpeado, con cuidado, pero con insistencia, para encajar perfecto en el espacio reservado para su uso exclusivo... ¡Qué desdicha ese desvalimiento que impide la lucha! Todo está medido de antemano, controlado.

Constato cierta semejanza entre mi creciente enfado y esa solemnidad de los gestos aprendidos, y no se me ocurre mejor asunto que empequeñecerme, aún más, para poder sopesar, mucho más de cerca, esas miradas que se escabullen y confunden a quien reflexiona.

Cotidianamente muerdo la arena que se esconde en un saludo que no espera respuesta, o, que no la necesita, quizás, porque se ha dado un aire  aristocrático con el que inspeccionarme desde su supuesta altura generosa.

No contribuyo a esa enfermiza injusticia de destacar a un favorito sobre la oportunidad de conocer a un genuino ser que trata de protegerse del sol.

Asumo ese riesgo de aceptar la incertidumbre de lo desconocido para llegar a conocer todos los jardines posibles, escalando con grandes dificultades las ocasiones que pueden transformar una vida.

¡Ojalá pudiera poseer la inteligencia de las flores! Ellas siempre son oportunas, conocen el momento preciso en que han de florecer o marchitarse, tan bellas siempre que hasta se diría que pueden ser felices.

Jugar mis dados para reconstruirme es pluma en el viento que me lleva desde mi infancia hasta el silencio, apaciguando las páginas siempre nuevas de mi piel.

Aunque suene extraño, algunos buscamos el paraíso. Puro juego de palabras.

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© María Villar Portas
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                                                  (Imagen de Internet)
 

miércoles, 11 de junio de 2014

LA PRIMAVERA...LA SANGRE ALTERA (Libro colectivo)

Queridas amistades me es grato presentaros mi microrrelato titulado PRIMAVERA, que ha sido seleccionado para aparecer en el precioso libro LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA promovido por Diversidad Literaria.




lunes, 2 de junio de 2014

COLABORACIÓN EN REVISTA ESPACIO LUKE Nº 157-MAYO / SECCIÓN: LA VELOCIDAD DEL SILENCIO

 

                                Imagen de Ardiluzu




Amigas y amigos os presento mi nueva colaboración en la Revista Espacio Luke nº 157 correspondiente al mes de mayo. En mi sección titulada LA VELOCIDAD DEL SILENCIO podréis leer dos nuevos poemas. Espero que os gusten:

http://www.espacioluke.com/2014/Mayo2014/villar.html

sábado, 31 de mayo de 2014

FINALISTAS DEL III PREMIO DE POESÍA INTERNACIONAL ANUAL "UN CAFÉ CON LITERATOS"

 

Mis queridas amistades me complace anunciaros que mi poema es uno de los 11 finalistas entre los 415 trabajos presentados para este premio, lo que me hace sentir emocionada y quería compartíroslo.








jueves, 29 de mayo de 2014

EL MOMENTO DE LA ROSA / O MOMENTO DA ROSA



EL MOMENTO DE LA ROSA


¿Dónde quedó ese lugar preparado para el sol?

¿Dónde el extraño color de la ilusión?

¿Quién fue capaz de quebrar la dirección del viento?

Sí.
Aquel era el exacto momento de la rosa de mil hojas,
de la hierba creciendo en libertad,
de las aves consiguiendo el horizonte.

Pero no llegó.

Ahora mi jardín está sin temporadas,
sus senderos anegados por un invierno constante.

Sólo las piedras sostienen el temblor de mi alma,
tan cubierta de mundos,
y aún así,
vulnerable,
preparada para desaparecer con el frío de una brisa menuda,
de un juicio equivocado.

¡Ah! Sí...
Mantengo el secreto de mi río interior,
de mi oscuridad divina,
sólo conocida por los manantiales,
en los que beben las alas del aire.

Hay en mí,
todavía,
una eternidad de frutos
aguardando tránsito de primaveras,
ondulando la cosmogonía...

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© María Villar Portas
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O MOMENTO DA ROSA


 
Onde quedou ese lugar preparado para o sol?

U-la estrana cor da ilusión?

Quen foi quen de crebar a dirección do vento?

Si.
Aquel  era o exacto momento da rosa de mil follas,
da herba medrando en liberdade,
das aves acadando o horizonte.

Mais non chegou...

Agora o meu xardín está sen tempadas,
os seus sendeiros asolagados dun inverno constante.

Só as pedras terman o tremor da miña alma,
tan cuberta de mundos,
e aínda así,
vulnerable,
presta a desaparecer co frío dunha brisa miúda,
dun xuízo errado.

Ah! Si...
Manteño o segredo do meu río interior,
da miña escuridade diviña,
só coñecida polos mananciais
nos que beben as ás do aire.

Hai en min,
aínda,
unha eternidade de froitos
agardando tránsito de primaveras,
ondulando a cosmogonía...

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© María Villar Portas
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                                              (Imagen de Internet)

 

jueves, 22 de mayo de 2014

MODIFICACIONES EN ROJO / XVIII

- XVIII -



Hay aves frágiles que navegan oscuramente en medio de las sombras, sobre todo en aquellas más largas y solemnes, siempre recorridas por distancias lejanas.

Se diría que no desean estar en otro lugar, junto a alguna sonrisa confortable, protegidas de la noche que acecha en el borde las aceras, haciendo los ángulos más agudos.

Y se sienten bien en su lugar, con la cantidad justa de alrededores y almas que se separan cada vez que suben un peldaño.

Hoy ya no queda más tarde para gastar en medio de las campanas. Han venido nubes tan deprisa, y tan juntas, que se han mirado entre ellas con sorpresa, sin dejar caminos para el sol.

Sin embargo, en la calle, un viento las ha llevado en volandas bailando en otras plumas, buscando el cielo claro, tan cansado de portar sus penumbras a través del invierno.

Él tiene ganas de diluirse en primavera, derramarse en la sonrisa de la arena y asombrarse con el susurro del mar.

Es entonces cuando ellas, con su sentimiento anochecido han levantado el vuelo con su séquito de alas buscando su luz.

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© María Villar Portas
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(Imagen de Internet)