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DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

domingo, 30 de marzo de 2014

MEMORIA DE PARÍS (I)



MEMORIA DE PARÍS (I)






Recuerdo el otoño en que llegué a París con mi mochila al hombro y la cabeza llena de sueños. A mi alrededor sólo caras extrañas y brillantes. Yo sonreía a través del tránsito de aquel polvorín y me empeñaba en ver colores en un mundo de calles. La ilusión tiene un poder excitante y yo me había matriculado en un curso de francés para extranjeros en La Sorbonne, así que pensaba que el mundo era mío tan sólo por eso.

Mi objetivo: buscar, primero de nada, la exigua buhardilla que sería mi hogar, en un edificio destartalado de Montmartre, sin rendirme ante la ciudad imponente.  Siendo yo de ciudad pequeña no medí mis fuerzas, me equivoqué una y otra vez, consumí mucho tiempo en perderme. Exhausta y hambrienta me decidí a tomar uno de aquellos taxis-kamikazes que, al primer acelerón, lograban sacarte el corazón por la garganta.

Sólo la luna sobre el Campo de Marte me iluminó en aquel momento ácido que amenazó con hacerse constante.

Conseguida mi meta, me apeé de aquel tiovivo rodante en una calle que me disparó sus olores a la cara sin previo aviso. En el bajo, del que iba a ser en adelante mi edificio, había una tienda, de esas de barrio, en la que parecía haber de todo, y, entre otros comestibles, las frutas y verduras parecían ser su especialidad. En esa hora, previa al cierre, el que debía ser el tendero barría hacia afuera, con furia, los restos de una jornada de desperdicios, sin molestarse en recoger nada. De mediana estatura, pelo rizado oscuro y tez morena su aspecto no era para nada francés. Por un instante levantó la cabeza y me hizo una mueca que interpreté como un saludo, o así quise creerlo. Él siguió a lo suyo mientras yo me colaba por una gran puerta entreabierta y me internaba por el túnel oscuro que me conduciría a mi morada.

No había ascensor. Me dispuse a escalar aquellos peldaños de carcoma pura que crujían bajo mis pies, como si fueran a quebrarse en cualquier momento. Al pasar por delante de las puertas de cada piso podía oír las voces de sus moradores. Yo tenía que preguntar en el 3er "étage" por Madame de la Rosière, una dama muy venida a menos, que había vivido en España durante años y conocido a Mariana, la madre de mi amiga Celia con quien tuvo negocios de flores y quien había comprado el ático de  Madame  para tener dónde alojarse en sus viajes a París. Gracias a mi amistad, con su hija Celia, Mariana me prestaba su vivienda muy amablemente y mientras me hiciese falta.

El olor a humedad de la escalera sólo era comparable al hedor de la propia calle, me preguntaba en dónde me había metido. Ya me encontraba mareada, y casi al borde de la histeria, cuando llegué a la puerta de Madame de la Rosière. Llamé con los nudillos con suavidad, o, tal vez, timidez, y al no responder nadie llamé otra vez con más energía.

Oí murmullos y unos pasos que se acercaban, menudos, aunque rápidos, y al abrirse la puerta me encontré con una mujer pequeñita, canosa y con un pronunciado ceño. Me presenté y, al instante, toda su cara se transformó en una gran sonrisa.

© María Villar Portas


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La Torre Eiffel desde el barrio de Montmartre

                                                      (Imagen de Internet)

 

 

 

2 comentarios:

  1. Esta historia promete, me has dejado con ganas de leer más. Besitos.

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    1. Gracias Pilar, de eso se trata precisamente, de tener ganas de más... Mil besos.

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