SED TODOS BIENVENIDOS

DESDE MI PANTALLA es un blog que nace con la ilusión de que en él vayan apareciendo mis poemas, algunos ya publicados en Facebook, otros serán nuevos. También aparecerán relatos que ya han sido publicados en otros foros, especialmente en el "Tintero virtual". No tiene otra pretensión que darlos a conocer y que el/la que quiera pueda comentarlos si así es su deseo. Todos los comentarios son bienvenidos.

sábado, 24 de diciembre de 2016

COMPRA-VENTA

El poema que sigue  a estas palabras ha sido leído en el recital benéfico a favor de la ONG Dignidad el día 23 de diciembre en el Café de Catro a Catro.


COMPRA-VENTA

 

Vendo vivienda,

medio saco de dormir

sobre una escaleras de cemento,

bien ventilada.

Agua directamente de las nubes,

fría en invierno,

fría en verano,

siempre fría.

 

Vendo jardín de helechos

pero no vendo las estrellas

que a veces veo entre ellos.

 

Compro un microsegundo

de tu mirada sobre mí.

 

Vendo mi invisibilidad,

vendo el asco que sé que te provoco,

vendo el miedo que me produce tu asco,

tu gesto y tu desprecio.

El miedo que me persigue cada noche

por miedo a no volver a verme.

 

Compro una media sonrisa tuya

cuando apenas puedo contagiarte la mía entera.

 

Vendo el oprobio y la injusticia,

la falta de recursos, la penuria habitual,

este descenso al más injusto de los infiernos.

 

Vendo las lágrimas que me sobran,

las ayudas que no llegan

y el frío que me corroe el tuétano.

 

Vendo aquel momento en el basurero

en el que luché a muerte con un perro

por la posesión de una monda de plátano.

Compro y recompro mil veces, un millón

el momento en que perro y yo nos hicimos amigos

y compartimos su hambre y la mía.

 

Vendo un montón de soledades,

la mía y la de muchas personas como yo,

y me reservo una porción invendible

para no olvidarme de quien soy.

 

Y compro tu olvido

para recordarte que también existo.

 

Vendo un puñado de sombras

que dejé aparcadas sobre una tarde

mientras lloraba la pérdida de mi hogar

y nadie vino

para iluminar mi partida vagabunda.

 

Compro un amanecer

que pueda contemplar tras los cristales

bajo un techo.

 

Vendo mis antiguos pasos en la lejanía

y tantas agonías nocturnas llorando

sin un hombro en el que cobijarme.

 

Vendo el terror

a todos esos trajeados insectos,

con nombre y apellidos,

que han quemado el fulgor de las luciérnagas

y deseado nuestra muerte.

Compro el canto de los pájaros

que cada mañana comprueban

que mi respiración sigue aquí.

 

Compro el firmamento entero

que ha velado mi sueño tantas noches

y el canto de las olas que me ha arrullado

otras tantas.

Compro aquella arena cálida de verano

para seguir soñando otro verano más.

 

Vendo todas las máscaras de la noche,

en el momento en que agoniza la razón

y se contiene el bramido del estómago

y del vacío .

 

Compro una mañana de rocío

en los pétalos de una flor

que pueda sentir en mi piel.

 

Vendo mis harapos

que se caen como ceniza.

 

Y vendo la venta de mi propio cuerpo,

aunque no me arrepiento,

pues con ello conseguí un bocadillo para dos,

un día de fiesta.

 

No vendo mis manos,

ya que con ellas aún puedo acariciar

y construir mis siguientes días.

No vendo mis ilusiones,

que siguen intactas,

aunque pospuestas.

 

Ni vendo mi risa

que guardo como tesoro

para tiempos mejores.

 

Me haría rica,

si vendiese todo esto,

y el fuego,

y la nieve,

pero a mi lado todo se pulveriza

y la miseria me contempla.

Las palabras se desvanecen,

igual que las promesas,

antes de pronunciarse,

antes de cumplirse.

Y hasta las gargantas aúllan

tantas pérdidas y amarguras.

 

Compro un refugio

que no quede despedazado

en un trozo de papel viejo,

con un número al margen.

Un arrullo que me arrope

y no deje que me extravíe

en un abismo resbaladizo,

en un llanto sin salida.

 

En venta no están mis calles,

aquellas en las que jugó mi infancia,

estas otras que camino ahora.

Tampoco vendo la música de las horas felices,

ni la ternura, ni el amor.

 

Tengo memoria,

tengo dignidad,

nada de esto está en venta,

pues me deja ver en distancia

cada uno de los momentos

de mi vida en libertad.

 

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© María Villar Portas

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Esto que se ve es un precario saco de dormir, para alguien ha sido una vivienda. Se sostiene sobre tres escalones de cemento llenos de musgo, a los lados hay tierra y maleza.